EL IMPERIO EN VIA DE EXTINCIÓN, ESTADOS UNIDOS, PROLONGA SU VIDA INFAME MEDIANTE LA INVASIÓN Y LA GUERRA

En conmemoración del onceavo año de invasión militar norteamericana en Afganistán

Precisamente hace ahora 11 años, el 7 de octubre de 2001, Estados Unidos y la OTAN invadieron Afganistán. Nuestro sufrido pueblo, que todavía no se ha recuperado de una invasión soviética de 14 años, del dominio de sus títeres fascistas y del noveno año del gobierno de carroñeros jihadíes y de los Talibanes, ha quedado nuevamente atrapado en las garras sangrientas de otra potencia.

La intervención de Estados Unidos no ha tenido otra repercusión que el derrame de sangre y destrucción. Este país fue autor del asesinato de 2 millones de seres humanos en la guerra de Vietnam y l,5 millones en la guerra de Corea; asesinó 100 mil personas en la guerra del Golfo; fue el primer país que lanzó bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki provocando una horrible catástrofe de la humanidad; ha organizado golpes de estado sangrientos en distintos regímenes democráticos de diferentes puntos del mundo; con toda contundencia ha estado apoyando el terrorismo gubernamental israelí ante el pueblo palestino; en Iraq provocó arroyos de sangre, y ahora, en Oriente Medio y en el norte de África introduce sus manos sangrientas para manipular los levantamientos populares desviándolos de la vía de la revolución, y organiza sus regímenes lacayos fundamentalistas para arrastrar los resultados de los sacrificios de estas naciones por el suelo y derramar sangre. Así mismo, durante los 11 años de la ocupación de Afganistán, los Estados Unidos han asesinado a decenas de miles de civiles afganos, y según una encuesta oficial, han sido entregados a la muerte 2 mil soldados suyos, que son enviados al campo de la batalla para cumplir su misión.

La ocupación militar de Afganistán por los Estados Unidos, que fue diseñada con gran precisión y destreza, tras la experiencia de la invasión soviética, después de persuadir a todo el mundo a través de su mediadora, las Naciones Unidas, se ha llevado a cabo bajo lemas engañosos y atractivos tales como “La guerra contra el terrorismo”, “Democracia”, “Seguridad” y “Derechos de la mujer” y …

Después de la caída del régimen títere de los rusos, los mercenarios de los Estados Unidos, los fundamentalistas jihadíes y talibanes, crearon una atmósfera de barbaridad, destrucción e ignorancia durante sus mandatos.

Nuestro pueblo agonizante incluso llegó a aceptar cualquier gobierno extraño que no fuera el gobierno islámico de Sayaaf, Mazarí, Rabaní, Gulbudín, Mulla Omar, todos ellos líderes de los Partidos islámicos, quienes excepto destrucción, ignorancia y matanzas no ofrecieron nada mejor. De este modo, los lacayos religiosos de Estados Unidos con sus crímenes y brutalidades, prepararon las condiciones sociales favorables para el ataque de los Estados Unidos y otros 49 países del mundo. No era de extrañar que nuestro pueblo agotado por la guerra estuviera esperanzado e imaginara que con la llegada de la fuerzas extranjeras estaría a salvo de las garras de los brutales talibanes y jihadíes.

Después de haber invadido Afganistán y en la primera conferencia de Bonn, los Estados Unidos confiaron en las personas más lacayas que se vendieron a sí mismas convirtiéndolas en su base social y las instaló en el poder.

Apoyándose en su estructura militar y en los servicios inteligentes, una minoría de traidores de los fundamentalistas lacayos, los tecnócratas entrenados por la organización de la CIA y una parte de los khalqís y parchamís, quienes no están acostumbrados a rechazar ninguna oferta extranjera, han sido instalados en los puestos importantes del gobierno títere, sirviendo como unos burros a los Estados Unidos para hacer realidad sus sueños.

A lo largo de 34 años sangrientos, la gran traición de los líderes norteamericanos ante el pueblo afgano es que nunca han dejado de apoyar a los fundamentalistas talibanes y no talibanes como sus sirvientes rabiosos, obedientes y traidores de la patria que, a cambio de dinero y poder, están dispuestos a rendirse ante cualquier bellaquería. Hasta que han podido, han eliminado los movimientos nacionales, revolucionarios y democráticos y los han mantenido al margen de la escena social y política, cuando al principio de la invasión, para engañar a la gente, afirmaban haber aprendido del pasado y que no volverían a apoyar el fundamentalismo islámico.

El fundamentalismo islámico, empezando por Sayaf hasta Rabbaní, Mohaqiq, Khalilí, Abdulla, Besmella, Ata mohamed, Muhssení, Ismail Khan y otros más, se han puesto la cadena de la esclavitud norteamericana en el cuello, con mucho entusiasmo y orgullo, y aparecieron en escena para apoyar las políticas saqueadoras norteamericanas. Hubo un tiempo en el que estos reivindicadores islámicos convocaban a la gente para hacer guerra santa contra los países no islámicos. ¿Entonces cómo es que hoy con mucho orgullo y entusiasmo se pelean por conseguir un rango o escaño en su gobierno títere, bajo la sombra de dólares y banderas de 49 países no islámicos?

En cuanto Estados Unidos puso sus pies en nuestro país, ya los primeros días fundó un organismo bajo el nombre de “gobierno de integridad territorial”, repartiendo la carroña de Afganistán entre los depredadores pertenecientes a diferentes etnias, quienes pactaron el compromiso de servir a su amo y, con la política de “crea conflictos y gobierna”, echó aún más leña al fuego provocando conflictos tribales, lingüísticos, religiosos y regionales.

Pese a que estos saqueadores están pasando por una crisis económica intensa, han malversado 572 mil millones de dólares de los impuestos de sus trabajadores en la guerra de agresión en Afganistán, mientras que con este dinero se hubiera podido erradicar la pobreza en varios países del mundo. Se supone que hasta ahora 62 mil millones de dólares han sido enviados para la reconstrucción de Afganistán, pero la realidad es que no se ve la mínima mejora en la vida de la gente. Más de la mitad de la población no tiene trabajo, un 70% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, hay 2,5 millones de personas que pasan hambre, nuestro país sigue siendo el primero en los índices de mortalidad de niños y madres entre otros. Las políticas impuestas desde los organismos imperialistas como “Banco Mundial”, “Fondo Monetario Internacional”, etc, bajo el nombre de “mercado libre” y “puertas abiertas” han convertido a Afganistán en un consumidor de productos importados de peor calidad y han obstaculizado por completo el desarrollo de la burguesía nacional y de los productos locales. Las masas pobres son las primeras víctimas de estas políticas criminales impuestas.

Estados Unidos, siguiendo la tendencia de todas las potencias colonizadoras, no ha invertido dinero en el ámbito laboral para crear puestos de trabajo ni infraestructuras, excepto en algunos proyectos de corta duración. La mayor parte de este dinero va a los bolsillos de una minoría de lacayos sobornados que están reposando en el poder y/o están sirviendo bajo el nombre de la oposición, para forzar a la mayoría necesitada a aceptar por la fuerza o por propia voluntad la esclavitud y el cautiverio de los extranjeros. Los Estados Unidos enviaron su ejército a nuestro país bajo el lema “restauración de derechos humanos”, sin embargo este mismo país ha cometido el peor de los crímenes ante nuestro pueblo al apoyar a los movimientos y personas coaccionadores y asesinos. Es por eso que, la situación de la mujer y, en general, los derechos humanos sufren tragedias deplorables. Excepto una minoría que ha estado sirviendo a Occidente, poseen riqueza y otras posibilidades económicas, la mayoría de la gente se encuentra en el punto de mira de crímenes, coacciones y despotismo de los señores de la guerra y las bandas mafiosas. Todavía se oyen en cada rincón del país los gritos de dolor de nuestras pobres hermanas y madres inocentes, incluso, por la ausencia de justicia, muchas chicas han acabado suicidándose. En nuestro país, la justicia es víctima de los caprichos de un puñado de criminales sucios, por lo que todas las entidades legislativas y judiciales están infectadas por el virus de la ignorancia y de la corrupción. Cuando en un país no existe la justicia, hablar de democracia, elecciones libres y transparentes y de otras expresiones más humanas parece una amarga ironía.

La corrupción y el saqueo brillan tanto en el régimen de Karzai que no se encuentra semejanza alguna, ni en la historia de nuestro país, ni en la del mundo. Tanto las entidades gubernamentales como extranjeras están hundidas en la propagación de la corrupción. Cada día se conoce por la prensa algún caso de malversación y soborno de millones de dólares, no obstante, durante estos 10 años, ninguna autoridad ha sido juzgada por corrupción. El saqueo de las propiedades públicas por un puñado de vendedores de la patria sigue continuando y, sobretodo, en los últimos años, todos están compitiendo para hacerse con los ingresos de las minas. Incluso las mismas autoridades traidoras confiesan que más de 4 millones de hectáreas de tierra pública han sido confiscadas por las mafias de la propiedad. Sin reacción alguna en contra, las mafias financieras saquean solamente en Kabul Banck 970 millones de dólares, que es dinero de la gente. Nadie pregunta por qué, las mafias gubernamentales, desde ministros y alcaldes hasta funcionarios de altos rangos imputados por corrupción, en lugar de ser procesados, los promueven del puesto. Esto es así, porque gracias a la OTAN, Afganistán ha conseguido el segundo lugar en el mundo a nivel de corrupción.

A pesar de su ocupación militar, los Estados Unidos han cometido una invasión cultural, la más peligrosa, financiando con centenares de millones de dólares muchos medios de comunicación impresos y electrónicos y un ejército de los llamados “expertos políticos” y “pensadores”, inculcándoles una manera determinada de pensar para desviar la atención de nuestra nación de los asuntos y cuestiones fundamentales, y sobre todo, para acostumbrar a los jóvenes a subestimar la situación, a escapar de la política y para eliminar de la mente del pueblo las emociones patriotas, humanistas y anti-extranjeras. Así pues, bajo el nombre engañoso de “libertad de expresión”, este país ha armado a todos sus traidores sirvientes, los señores de la guerra, y ha utilizado la televisión y la radio como armas propagandísticas para conducir al pueblo a un sueño profundo de ignorancia, supersticiones, etnicismo y discriminación regional.

Los Estados Unidos han deducido que la fuerza del dinero, el rango social, político y económico, las becas de estudio y los viajes pagados para ir al extranjero son tan poderosos que no sólo acaban con los intelectuales débiles, capitulados y anti-nacionales, sino que también destruyen a los que reclaman ser patriotas y amantes del pueblo.

Hoy en día uno de los problemas de Afganistán es la aparición de una generación carente de sensibilidad patriota, jóvenes que son educados bajo el nombre de portavoces y asesores del gobierno o que trabajan como coordinadores de las ONGs prestando servicios de espionaje. Por ejemplo, los jóvenes con talento y desinformados son enviados en pequeños grupos a Occidente como candidatos de las becas Fullbright para cambiarles de mentalidad. Así, a estas generaciones educadas por extranjeros se les elimina el mínimo amor que sienten por el pueblo y la confianza en el poder indestructible de la gente. Estos intelectuales están manipulados mentalmente de tal manera que comprenden y propagan el servir, la dependencia y la obediencia a los Estados Unidos como la única solución para salir de la situación actual y lo argumentan abiertamente y descarado como si solamente fueran felices aquellas naciones, que son obedientes colonias de los Estados Unidos. La mayoría de estos intelectuales cazados por la CIA, generalmente con talento, se han convertido en las tuercas y la voz de Estados Unidos y en proveedores de sus intereses, convirtiéndose en elementos más peligrosos para el futuro de Afganistán.

Según un plan ya previsto, los Estados Unidos han convertido Afganistán en la capital de la droga del mundo por lo que ingresa centenares de millones de dólares. Las mafias mundiales tienen una actividad extensa en nuestro país y las autoridades gubernamentales del país también están implicadas en este comercio sucio. Los grupos terroristas, sobre todo los talibanes, tienen unos ingresos anuales de centenares de millones de dólares. Las drogas afganas tienen un mercado próspero en Estados Unidos y en Occidente, incluso se podría decir que Estados Unidos reaplica el mismo sistema que había utilizado durante la guerra de Vietnam, trasladando estas drogas fuera del país mediante aviones militares. Este fenómeno ominoso, actualmente conduce a más de un millón de afganos hacia la muerte gradual, lo que conduce a nuestro pueblo a un serio peligro en el futuro.

Los movimientos criminales de la época de piedra, a los que Estados Unidos aparentemente atacó en Afganistán para devastarlos y liquidarlos, son las bandas terroristas y los matones de Gulbudín, los talibanes y su aliado, Al Qaaeda, los que durante la guerra fría fueron creados, apoyados y dominados por el dólar y las armas estadounidenses. Todavía hoy en día el extremo de la cuerda de los talibanes y el del partido fascista de Gulbudín están en manos de Estados Unidos y este país obtiene un gran interés de ellos. Estos fundamentalistas, sobretodo centenares de talibanes entrenados como personas hipnotizadas para la guerra suicida, son amenazas muy peligrosas para la gente y el futuro de nuestro país. No obstante, los Estados Unidos a través de sus títeres, los llama “hermanos” y cada día borra sus nombres de la Lista Negra y los libera pagándoles tributos. Del mismo modo, los terroristas más conocidos del partido de Gulbudín ocupan los rangos importantes codo a codo con sus hermanos ideológicos, la Alianza del Norte, sirviendo a los Estados Unidos.

Al lado de la presencia militar de los Estados Unidos, nuestro país se ha convertido en un refugio de espías de Occidente y los países de la región y cada uno de estos de manera diferente llevan a cabo actividades inteligentes, empezando por el Arg (Palacio Presidencial) hasta todas las autoridades gubernamentales y no gubernamentales. Se dedican a criar y utilizar a sus espías; la organización de la CIA, ISI de Pakistán, WAWAK de Irán, M6 de Inglaterra, SVR de Rusia, MUSAD de Israel, etc en un país como Afganistán con un gobierno incompetente, están llevando a cabo libremente sus servicios de espionaje; han dividido las provincias y han repartido los puestos importantes del gobierno entre ellos; están ocupados en el comercio ilegal de piedras preciosas, compraventa de antigüedades y tráfico de drogas. Y sobre todo, la intervención y manipulación de manos de los regímenes déspotas iraní y paquistaní se está extendiendo día tras día en nuestro país.

Para Estados Unidos y Occidente, lograr sus objetivos estratégicos y económicos, saquear los recursos naturales de varios países y dominar los mercados y territorios estratégicos mundiales tienen un valor vital y para conseguirlo están dispuestos a arrasar a las naciones pobres. La vida infame del organismo gubernamental norteamericano depende de la guerra y de la invasión y sin saqueo finalizaría su existencia. Hace tiempo que ha establecido sus extensas bases militares en nuestro país por el hecho de ser un punto estratégico importante, y de esta manera poder seguir con sus juegos asiáticos con sus rivales recientemente aparecidos como China, Rusia, Irán y … para ser como una espina ante los ojos de éstos y mantener ser el número uno militarmente cueste lo que cueste. Por esta misma razón, no estará dispuesto a renunciar voluntariamente a este mordisco rico, nuestro país, salvo que sea expulsado de forma humillante bajo el liderazgo de movimientos defensores de la justicia y democracia con sus títeres como los invasores soviéticos.

Los Estados Unidos y sus cómplices occidentales, bien por sus fuerzas militares, bien por su poder económico y cultural en cualquier rincón del mundo provoca guerras y matanzas. Lo que es evidente es que los pueblos de los gobiernos occidentales han comprendido la naturaleza criminal de los regímenes en el poder y, mediante sus protestas, se oponen a las políticas coaccionadoras de los Estados Unidos y sus aliados; día a día se desenmascara la cara auténtica del imperialismo norteamericano y todavía no se han apagado las chispas de los lemas del movimiento como “Ocupa Wall Street”, “Somos 99 %”. Los Estados Unidos tienen 850 bases militares repartidas en cinco continentes y hace años que también ha convertido a Afganistán en su base militar e inteligente en Asia. No obstante, los pueblos del mundo van conociendo la naturaleza bélica de los Estados Unidos y se va extendiendo cada vez más la llama de la resistencia.

Los Estados Unidos, como cualquier otra potencia mundial, no es invencible y no puede someter militarmente a las naciones bajo su dominio para siempre. Actualmente la sombra del fracaso y exterminación ha aterrorizado a los gobernantes norteamericanos y por esta misma razón, este país ataca continuamente y de manera brutal otros territorios. Tarde o temprano, el pueblo americano junto con el resto de las naciones del mundo, sobre todo la gente pro-libertad de las naciones cautivas, decidirán el destino del imperio norteamericano como ya ha pasado con la ex Unión Soviética e Inglaterra. Ya que a lo largo de la historia el pueblo afgano ha creado héroes épicos contra invasores, con el paso del tiempo, irá descubriendo la naturaleza de los Estados Unidos y de sus lacayos culminando sus protestas. Si los movimientos democráticos, anti-fundamentalistas e independentistas desempeñaran su papel en la promoción de conocimientos y en la movilización de la gente, aceptando cualquier sacrificio y trabajo práctico, la máquina bélica norteamericana quedaría impotente ante los levantamientos populares.

Los 11 años de la ocupación engañosa de los Estados Unidos y la OTAN han demostrado nuevamente que ninguna nación bajo la dirección de un país belicista y el dominio de sus servidores puede experimentar el bienestar y la redención, sino que es el mismo pueblo quien tiene que decidir su destino para lograr los extraordinarios valores humanos.

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